sábado, 24 de enero de 2009

La Propuesta



Soledad y Samanta nunca pensaron que el comienzo del fin llegaría tan pronto. El día en que limaban sus uñas, se burlaban de los hombres y planeaban aquello que iba a hacer de sus vidas un infierno, Soledad y Samanta creían tener absoluto control sobre sus vidas.

Cantalicio, quien limpiaba el polvo o al menos fingía hacerlo, era el único que conocía el trágico destino que se empezaba a configurar ese día. Él mismo recordó ese momento días después, cuando a esa misma casa llegó el sonido de la última ambulancia.

Soledad, en su afán por experimentar nuevos sentimientos para poder transformarlos en letras y consignarlos en su novela que ya iba bien avanzada -y no porque le importara realmente- quiso saber si su esposo, Epifanio, le era infiel.

La cantidad de vino anidada en su cuerpo, fue lo único que pudo hacer que Samanta aceptara la propuesta de Soledad, esa propuesta que en sus mentes ambas calificaban como ridícula. A Samanta le causaba náuseas el psicoanálisis y, no obstante, iba a aplicar el arcaico e improductivo método de la hipnosis. Sólo ebria podía satisfacer los deseos de su amiga y también los propios, pues aun sin conocerlo, sabía que Epifanio podía darle lo que Astolfo ni siquiera le ofreció.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Anticipación de un regreso



Astolfo nunca supo si fue por delirio, por locura o si fue simplemente un sueño. Lo único que supo es que lo sintió. No supo si vino a través de sus sentidos, si fue producto de su imaginación. Sólo supo que así lo vivió. Sus piernas temblaron cuando sintió que aquella a quien le había llenado el estómago de balas, ahora estaba frente a él, acariciando su rostro y confesándole su amor.

Sintió cómo varias gotas de sangre, provenientes del brazo de Y…, escurrían lentamente ahora por su rostro. Cerró sus ojos, para salir de la ilusión. Al abrirlos ya no estaba. Sin embargo, al mirar atrás, se dio cuenta que ahí estaba ella, con la misma sonrisa fría de siempre y afirmando que ahora controlaría su vida para siempre. Giró su rostro nuevamente y pensó: -¿Ha llegado la hora de enloquecer?-.

Para Astolfo fue normal el no sorprenderse cuando dulcemente Y… le dijo ha su oído: -No, aún no es el momento-. Astolfo sonrió, y entre nostálgico y alegre tomó una copa de vino, parte de la cual se escurrió en su pecho. Echó a reír, se puso frente a Y… y casi a gritos exclamó: -Si no es el momento, vete, déjame en paz-. Y…, sorprendida, le dijo entre suspiros: ¿Cómo quieres que me vaya, si para desear tal cosa me consultas?-. -Te extraño – confesó Astolfo - te amo, pero no te necesito, si he de volverme loco, ha de ser sin ti… lárgate al infierno del que provienes, y has de cuenta que esto sólo fue un sueño. Ya nos hemos hecho daño suficiente -. Y… lo miró algunos segundos y se despidió así:

- Me iré, sólo porque aún no es el momento. Pero cuando enloquezcas seré yo quien viva por ti. Serás un narcisista y sólo así sentiré que me amas-. - Ansioso espero tu regreso, ahora vete – exclamó parco Astolfo-. Y… desapareció al instante.

jueves, 16 de octubre de 2008

PRÓSPERO

No me importa hasta qué punto esté bien o mal... el miedo que tengo al oscilar entre dos personalidades (o tal vez más), hace que está creación sea la más excitante y al mismo tiempo la más compleja... Las últimas veces fue comedia.... esto es una exageración de Allan Poe... sentir repugnancia por la mayoría y deseos caníbales por algunos me ha convertido en algo que va más allá de la misma bestia. Primera noche de rodaje... pero me falte explorar más, así en la vigilia no pueda ser yo mismo

viernes, 12 de septiembre de 2008

Fragmento del diario de Luka en Rusia




¡Sintiendo empatía a las malas!

Me asusta no recordar… me asusta no saber de dónde vengo… me da miedo, como dice la señora Popava, ser un extraño ser que solamente existe… y ya… nada más, como un maldito vegetal sin consciencia de sí… Recuerdo que tuve un padre… y murió, no sé a qué edad… no sé si vivió tanto como yo he vivido… no sé si era anormal, como yo. No recuerdo su rostro, su cara, nada… eso es todo. Me aterra la inmortalidad, le tengo pavor…

Me pregunto qué hago en este lugar… no lo sé… tampoco lo recuerdo… pero debe ser por alguna razón. Soy consciente de que si quisiera irme lo haría, o al menos podría estar en otro lugar al mismo tiempo. Pero cada decisión de mi vida tiene una razón de ser. No me iré de acá hasta descubrirlo. ¿Acaso quería ser siervo para aprender la paciencia? ¿Vine acá por Popova, por Nicoclai Mijailovich, por Tobi?

Al fin y al cabo ya estoy acostumbrado… o ¿acostumbrada? ... Me agrada ser mayordomo ¿o sirvienta? Pero por encima de todo me encanta estar al lado de Popova, y ver si es posible expulsarla de su estado letárgico y estúpido en el que ahora se encuentra. Lo hago porque en ella me siento yo mismo… pero yo tomé la mejor decisión, a pesar de que Oscar aún estaba en vida. Al igual que Nikolai Mijalovich, Oscar me era infiel, me trataba con injusticia y crueldad. Yo, al igual que Popova a Mijalovich, amé apasionadamente a Oscar, con todo mi ser, como sólo puede amar una cosa como yo… porque no soy más que eso, una cosa… le entregué mi felicidad, un pedazo de mi vida… mis bienes… cuando descubrí su engaño, opté por la mejor decisión… asesinar su alma, para que desde ese momento hasta su muerte sufriera como una rata, como una maldita rata…

Mijalocich ha muerto hace cuatro meses, y no entiendo con exactitud por qué Popova aún guarda su luto y no entrega su cuerpo a algún hombre, ya que en esta tierra son abundantes. ¿Aún lo amará? ¿Realmente quiere demostrarle fidelidad hasta su muerte? Si es así es una fatua… pero creo más bien que ella tiene esa conducta para llamar la atención y darle su vida al mejor pretendiente… sí, espero que sea así… pero ya es hora. Mientras espera se está muriendo por dentro. Tal vez alguna vez escuché su historia, después de lo de Oscar, y por eso vine acá… para ayudarla… porque me siento ella.

No me siento solo, como hace unos meses, pero no por ello descarto la idea de compartir mi vida con alguien, sea con algún hombre o mujer, da igual… pero ¿quién se fijará en mí? Nadie!!! ¿Quién se fijaría en algo que no es ni hombre ni mujer, que no envejece y que, por lo tanto, no es humano? ¿Qué hice para que Oscar me amara? … ¿qué hizo él para que sea uno de mis únicos recuerdos? Pero no!!! No buscaré a nadie hasta descubrir qué hago acá… mientras eso no ocurra, seguiré siendo el sirviente de esta casa ¿o la sirvienta? En fin, seguiré barriendo y limpiando el polvo…. Seguiré secando las lágrimas de Popova y cuando ella reaccione, tal vez en ese entonces, me marche, y siga vagando por el mundo como siempre… al fin y al cabo ella morirá algún día y quizás yo nunca muera… cuando ella muera me podré ir… aunque sería frustrante no saber por qué estoy encerrado en estas cuatro paredes, compartiendo un luto que no es el mío… ¡sintiendo empatía a las malas!

viernes, 22 de agosto de 2008

De cómo Parménides tenía razón...


En la sala. Hacía mucho frío. No tenía mucho trabajo. Decido tomar un tinto. Está igualmente frío. Lo acabo rápido. No había nada qué hacer. Ya estaba sentado en el sofá. Siete personas conmigo, entre las cuales ella. Tuve que escuchar. Nada cambia. Su postura... sus ansias de llamar la atención. Su excelente oratoria a la hora de desprestigiar a las mujeres para implícitamente hablar bien de ella misma. Su ego insatisfecho... igualmente insatisfecho. Ha pasado mucho tiempo. Nada cambia, nada fluye. Los mismo chistes, los mismos comentarios. Los mismo movimientos... qué aburrido. Tomo una papeleta de azúcar y me la echo a la boca. Otra papeleta, otra más. No sé cuantas tomé. ¿Lástima? Tal vez... sí, tal vez esa fue mi sensación. Pobre, detrás de su risa estridente debe haber la misma esquizofrenia de siempre. Las mismas ansias de estar en medio del mundo clamando piedad... a ese mundo que odia, porque todo él, es mejor que ella... también al verla sentí ganas de subir su falda y acostarme con ella... Nada cambia

domingo, 10 de agosto de 2008

algo en relación a lo más abstracto...




Si un hombre está solo, le es difícil encontrar a alguien. Pasa algo de manera tal que somos casi imperceptibles, carecemos de interés. Tratando de entender qué es lo que sucede, corrí a buscar la definición de "amor" (lo más abstracto). Según la Real Academia el amor es un "sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser". Nada mejor, creo, para aclarar lo que he dicho. Al estar solos somos "insuficientes", algo nos falta, estamos incompletos. Esa insuficiencia genera precisamente el hecho de que seamos imperceptibles. Esa necesidad de unión con otro ser es casi imposible de saciar y sólo se logra esto último en un golpe de suerte. Uno maravilloso, donde el encuentro con la mujer es perfecto. ¿Qué pasa después? Ya no somos insuficientes y por lo tanto ahora somos perceptibles. Tenemos el poder, tenemos aquello que puede saciar la necesidad de cualquier mujer... son ellas quienes nos buscan, pero no estamos solos. Hay personas sensatas, que tienen claro lo que quieren. Hay otros (como yo, o el niño de la foto) que simplemente no medimos alcances y aprovechamos tal poder, tal vez porque pocas veces se tiene. Eso pensaba al despertar y recordar a L..., la mujer más hermosa del lugar. Mientras M... estaba de viaje, quedé aparentemente solo, pero con una necesidad ya saciada, no era insuficiente. Juro que no quería ir al lugar. Fui por petición de un amigo, no más. Al entrar me sentí aburrido, quería irme. Pero L... estaba allí, mirándome fíjamente. Cruzamos las miradas varias veces y siempre la mantuvimos al menos algunos segundos. No lo resistía más. Era hermosa. Cada segundo sin hacer nada era un reproche que me hacía. Le indiqué desde lejos que si quería bailar conmigo. Corrió hacia mí. Bailamos. Fuimos a la barra, lejos de todo el mundo. Mi aspecto realmente no era el mejor, pues había ensayado toda la tarde y además estaba cansado. Sin embargo, era yo quien tenía el poder y ella quien necesitaba saciarse. L... me miraba con ternura, con amor. Eso me asustaba, pero disfrutaba cada segundo. Sus besos empezaron a ser más frecuentes, más cercanos. Afirmó que desde esa noche creía en el amor a primera vista. L... suspiraba con frecuencia, y no quería que la soltara ni un momento. Aún no se ha saciado por completo, ella quiere más. No me refiero necesariamente a sexo. Ella quiere estar segura, estable, sin tambalear. Ella también quiere tener el poder, aunque no sé si así funcione también en las mujeres. Me gusta, aunque ya tenía saciada mi necesidad, ya estaba al encuentro con M... ¿Qué haré? No sé hasta donde debo llegar, pero llamaré a L... y decidiré qué hacer.